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La nueva economía verde es azul


Supongamos que somos unos empresarios y nuestro negocio consiste en producir cerveza. En nuestra fábrica, como en el resto del sector, solo se emplea el almidón de la cebada y desechamos la proteína y la fibra, es decir, ¡el 92 % de la biomasa del cereal se va a la basura! Algo falla.
Si aplicamos la manera de funcionar de los ecosistemas a nuestro negocio, lo primero que haremos será preguntarnos ¿Quién está interesado en comerse estos desechos? Y pronto averiguaremos que las setas digieren la fibra y producen más proteína que, por cierto, es ideal para los cerdos, que a su vez generan excrementos que producen biogás. Y el pH del excremento del animal genera lodo que es ideal para alimentar a las algas. Con los desperdicios de nuestra industria cervecera hemos producido setas, cerdos, biogás y algas. Nuestro negocio ha dejado de ser lineal y además de ser más rentable ya no produce desperdicios. Estamos en el camino de la sostenibilidad y somos más competitivos.
Esta es la filosofía empresarial de Gunter Pauli, escritor y economista que se define a sí mismo como un emprendedor sistémico. Una de sus influencias más importantes ha sido  Fritjof Capra (“La trama de la vida”, “El tao de la física”). De él aprendió que cuando aceptamos que queremos vivir dentro de la trama de la vida, tenemos que ajustar nuestras acciones. Mientras mucha gente lo puede considerar un límite, él rápidamente descubrió que era la gran oportunidad. La retroalimentación que en la naturaleza y en la trama de la vida es lo más normal no existe en el mundo de los negocios y Pauli se dedicó a traducir esta lógica del ecosistema al mundo empresarial.
1o años, 100 innovaciones, 100 millones de empleos
El último fruto del trabajo de Pauli acaba de ver la luz, se trata del libro “The Blue Economy” en el que recoge 100 casos prácticos de la sabiduría de los ecosistemas aplicada al mundo de la empresa. Todos estos ejemplos de éxito en innovación y sostenibilidad han sido identificados e inventariados durante los últimos años por Zero Emissions Research & Initiatives (ZERI), la fundación que preside Pauli desde 1994. Y Pauli afirma que representan una filosofía que puede ser el cambio de modelo económico que todos estamos buscando. Sus previsiones son ambiciosas: pueden generar 100 millones de empleos sostenibles en 10 años.
Un proyecto impulsado por ZERI que ya está en marcha consiste en la conversión de los gases contaminantes de una hidroeléctrica de carbón en nutrientes para el alga espirulina cuya producción se destina a combatir la malnutrición y para fomentar la producción de biocombustibles. La primera planta ya está operativa en Brasil. Reúne todos los ingredientes que la convierten en un negocio verdaderamente sostenible: genera empleo, absorbe emisiones contaminantes, apoya las energías renovables y aporta capital social. “Cuando operas dentro de un sistema tienes la posibilidad de ser generoso y ofrecer componentes de alto valor añadido gratis”, explica Pauli. En este caso, una parte de la espirulina producida, en lugar de usarse para fabricar biocombustibles, se entrega a los habitantes de la zona como suplemento alimenticio para acabar con la malnutrición bajo el paraguas de los planes del Gobierno Brasileño para acabar con el hambre en el país.
A comienzos de los años 90, este belga de 54 años miembro del club de Roma, consultor permanente de gobierno de Japón y de la O.N.U y profesor de diseño sistémico de la facultad de Torino fundó la conocida fábrica de jabones ecológicos Ecover. Su empresa fue tomada como ejemplo ya que tanto sus productos como la propia fábrica eran biodegradables. Pero en su experiencia en Ecover descubrió que biodegradable no es lo mismo que sostenible. Mientras el consumo de jabón biodegradable amentaba y ganaba más y más dinero se dio cuenta de que la creciente demanda de aceite de palma como materia prima provocaba la destrucción de millones de hectáreas de selva tropical de Indonesia, el hábitat de los orangutanes. Llegó a la conclusión de que nunca llegaremos a ser una sociedad sostenible haciendo lo menos malo. En el terreno de la ética tenemos que pasar “del mal menor al mejor bien posible”. Siguiendo esta reflexión decidió vender sus acciones e ir un paso más allá: multiplicar el empleo sin dañar la naturaleza.

Para llegar a esta conclusión fue decisivo otro encuentro importante en su vida, en este caso con Elie Wiesel, el Premio Nobel de la Paz que sobrevivió al holocausto nazi. Él le mostró que ni lo empresarial ni lo sistémico valen la pena si no hay ética. Es decir, alcanzar el equilibrio entre poder, dinero y ética. Si tú eres un emprendedor exitoso, vas a adquirir poder y dinero, pero ¿dónde está la ética? Para Pauli “la ética empresarial consiste en generar un capital social. El emprendedor no puede tener como objetivo únicamente la acumulación de dinero que luego mete en cuentas bancarias para que generen más dinero de lo que ha generado como emprendedor con sus innovaciones.” 
La naturaleza también ha sido una escuela de ética para Pauli. Para ilustrar esta afirmación nos habla de una planta muy especial que crece en el desierto de Namibia, la Welwitschia Mirabilis, que es capaz de captar el rocío cada mañana antes de que se evapore y que generosamente se deja comer por los ratones porque es la única fuente de agua y de minerales. Se deja devorar para dar vida a otros, pero gracias a este proceso se convierte en la planta más vieja de la tierra, pudiendo alcanzar los 2.000 años. “La moralidad y la ética que tiene esta planta es tan espectacular que nosotros como seres humanos deberíamos inspirarnos en ella”, afirma Pauli.
Innovación: hacer nuevas conexiones con lo que ya tenemos
¿Por qué las zebras tienen rayas negras y blancas? No parece que sea por motivos de camuflaje. Se trata más bien de un regulador térmico. Gracias a la peculiar pigmentación de su superficie la zebra consigue reducir hasta 9ºC la temperatura del cuerpo simplemente por las microcorrientes de aire que se generan por la diferencia de temperatura entre las rayas negras y blancas. Todos sabemos que el color blanco repele el calor y que el negro lo absorbe, pero lo que sabe la zebra es que combinando ambas propiedades se genera una diferencia de presión que produce una refrigeración envidiable. Y existe una empresa en Japón que ha tomado a las zebras como maestras. De momento han conseguido que en verano la temperatura de la casa se reduzca hasta 5ºC. No han alcanzado la maestría de la zebra, pero hay que reconocer que el animal lleva miles de años utilizando la técnica… aunque la simple combinación de blanco y negro en la fachada de un edifico puede reducir un 20% el consumo de energía.
Si hablamos de refrigeración hay que acudir a las termitas, maestras en arquitectura bioclimática desde hace millones de años. En el interior de sus termiteros, que son una combinación de bioconstrucción y granja de hongos, la temperatura y la humedad están perfectamente reguladas, lo que les permite un más que eficiente cultivo de micelios. En los años cincuenta el arquitecto sueco Bengt Warne estudió los nidos de las termitas desde el punto de vista arquitectónico y quedó deslumbrado. Observó que estos insectos desarrollaban unas chimeneas que calentaban el aire con exactitud matemática y que la humedad siempre se mantenía al 60%. La primera lección que aprendió fue que es muy poco eficiente (y sano) calentar o enfriar el aire ya que hay más posibilidades de contaminación o enfermedad, y que lo óptimo era renovar el aire de una estancia con oportunas corrientes reguladas por el aumento y disminución de la humedad. Tuvo que llegar Anders Nyquist, otro arquitecto para codificar matemáticamente las observaciones de Warme. El modelo resultante dejó a los sistemas automáticos de control de temperatura obsoletos. En los años 80 se construyó el primer edificio utilizando las enseñanzas de las termitas, el Eastgate Shopping and Office Centre se encuentra en Harare, la capital de Zimbabwe. Tiene 10 plantas y es capaz de mantener el edificio fresco en verano y cálido en invierno sin gasto energético alguno, únicamente con corrientes de aire naturales. Pura física.

Otros ejemplos recogidos en el libro de Pauli son la posibilidad de disponer de teléfonos móviles sin baterías gracias a la diferencia de temperatura entre el cuerpo y el teléfono, y la conversión de las ondas de sonido de la voz a corriente eléctrica. O que gracias al uso del vórtice es posible ahorrar energía y eliminar productos químicos en el tratamiento de aguas. Un dispositivo con forma de huevo que permite liberar la sal y el aire del agua, sin la utilización de productos químicos, ni membranas, únicamente haciendo uso de la física. 
“Lo más importante para mi –dice Pauli- es convertir la escasez en abundancia. El único ser en la tierra que no es capaz de vivir en abundancia es el ser humano, y esta es la verdadera estupidez de nuestro conocimiento”. Para lograrlo, Pauli hecha mano de la biomímesis, o lo que es lo mismo, se pregunta cómo ha resuelto la naturaleza un desafío e imita sus soluciones. Una ciencia a caballo entre la ingeniería y la biología. Cualquier cosa que queramos implementar, seguro que la naturaleza ya lo ha resuelto. Un pequeño cálculo puede servirnos como orientación. Se calcula que a lo largo de la historia de la vida han existido 100 millones de especies que han resuelto problemas durante 2,5 millones de años, el número de soluciones obtenidas es casi infinito. ¿Acaso vamos a enseñar a una luciérnaga como fabricar luz sin perdida de energía, a una araña a producir un tejido resistente y dúctil o a un tiburón como vencer la resistencia al agua?
De la escasez a la abundancia
El libro de cabecera de Pauli para desarrollar su modus operandi ha sido “Los cinco reinos de la naturaleza” de la bióloga Lyn Margulis. En él, Margulis explica cómo la naturaleza realiza la autopoiesis (crear algo de la nada) y lo hace produciendo nutrientes con un sistema que integra los 5 reinos naturales: bacterias, algas, hongos, plantas y animales. Cualquier proceso vivo genera deshechos y lo entrega a otro reino que lo utiliza como alimento. El árbol entrega sus hojas a las bacterias y hongos. El deshecho del animal es alimento para las bacterias. El deshecho de la bacteria es alimento para el alga. Este principio aplicado al mundo empresarial nos indica que el punto de partida de un negocio sistémico es un deshecho y el objetivo es generar valor añadido integrando múltiples niveles.
Hay un proyecto de ZERI en Zimbabwe al que Pauli le tiene especial cariño y en el que la innovación tiene como objetivo crear un sistema sostenible e incluir a los más vulnerables de la comunidad. Desde hace 14 años la fundación trabaja para dar el poder de la autosuficiencia a huérfanas de África. Intentan que una mujer pobre que no tiene ni dinero ni poder, ni siquiera un padre que pueda aportar una dote para que se case, sea quien marque la diferencia y pueda ser el cambio en la sociedad a la vez que disponen de un trampolín para salir de la pobreza. Estas chicas, lideradas por Chido Govero, son las encargadas de dirigir un proyecto en el que se produce café y con la biomasa restante (¡el 99,8 %!) se producen setas shitake que se importan al primer mundo con un alto valor añadido. Al igual que sucedía en la cervecera del principio han generado también proteína para alimentar animales y disponen de una cascada de nutrientes que les han permitido diversificar su negocio. El proyecto es sostenible desde los ángulos económico, ecológico y social. Según explica Pauli, “el punto de partida de una innovación sistémica es algo que no tiene valor. Y lo que tiene una función debe tener varias porque la naturaleza siempre es multifuncional”.
Más información:
Zero Emissions Research and Initiatives
www.zeri.org
http://www.revistanamaste.com/gunter-pauli/#comment-4367