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Esto de la tristeza me suena...

La tristeza es una emoción universal en la especie humana, que se ha reprimido más o menos según las culturas. Todos en algún momento dado hemos sentido tristeza. Por ejemplo, se ha demostrado científicamente que los japoneses contienen emociones como la tristeza, la reprimen porque culturalmente les han enseñado que mostrar la tristeza es una ofensa para los que les rodean. Este caso, es un claro ejemplo de ver cómo las emociones existen pero la expresión y manifestación de las mismas es diferente según la cultura.  ¿A ti esto de la tristeza te suena? Expresar lo que sentimos nos ayuda a sentirnos mejor. Sigue leyendo......

La tristeza es una emoción que nos invita a la reflexión, al recogimiento al estar en contacto con nosotros mismos. Normalmente nuestra sociedad, nos empuja a salir de la tristeza rápidamente. Frases como: ¡No estés triste! ¡No llores! ¡No pasa nada!  son muy comunes, ya que la tristeza no tiene buena prensa, no da buena impresión, y queremos salir rápidamente de ese estado de dolor. La tristeza es una emoción, que nos pone en contacto con nosotros mismos a través de una pérdida, de una separación, o de un distanciamiento. También es posible que la tristeza aparezca cuando nuestras expectativas no se cumplen. Por ejemplo, puedo sentir tristeza cuando se rompe una relación, cuando se muere un ser querido, o cuando no me cogen en el trabajo que quería.

¿Cómo se identifica la tristeza en nuestro cuerpo? 

Nos encogemos, podemos notar un nudo en el estómago o en la garganta. A veces una presión en el pecho, los ojos se empiezan a llenar de lágrimas...

¿Qué hacemos cuando aparece la tristeza? 

La tristeza como todas las emociones tiene diferentes intensidades, desde la tristeza más pequeña, hasta una más grande. Algunas veces puede ser que nos acerquemos a otros en busca de un poco de consuelo, para sentirnos menos tristes, otras veces nos cerramos en nosotros mismos para intentar manejar la tristeza desde dentro. En ocasiones por el contrario, la tristeza sale como una fuente que no puede parar, sin ningún tipo de contención, como si fuera una explosión de llanto....A veces reprimimos esa tristeza, consciente o inconscientemente de manera que se va acumulando en el cuerpo, hasta que un día explotamos sin "motivo alguno..."

 ¿Qué podemos hacer entonces para expresar nuestra tristeza de una manera sana?

Para poder aceptar la pérdida necesitamos entrar en contacto con nosotros mismos, es por eso que decimos que es una emoción que va para dentro. Para poder vivir la tristeza de una manera sana, es imprescindible permitirnos estar tristes, y iniciar el proceso de aceptar el dolor, aceptar que podemos experimentar y expresar la tristeza para poder procesarla, y poder pasar a otra emoción.

"Si una persona está triste, debe explorar la tristeza y vivenciarla profundamente antes de que pueda asimilarla y desarrollarla. "
John Stevens

El reto pues es poder reconocerla en el cuerpo, dejárnosla sentir, no censurarla cuando la veo, permitir su expresión, dando espacios físicos para compartirla , hablar de los que nos pasa, y poder estar en compañía del otro con esta tristeza, sin intentar evadirla. Y por último, dejar que pase, y no quedarnos bloqueados y enganchados en esta emoción. 




 

 

 

La Alegría ¿real o fingida? 

 

Hay una respuesta estrella cuando nos preguntan: ¿Cómo estás? Seguro que la has respondido internamente ahora mismo. La respuesta es ¡BIEN! Es una respuesta comodín, cómo si dijéramos, PASO PALABRA o cualquier otra. "Bien" no define qué emoción estoy sintiendo ahora mismo. ¿Se supone que cuando digo "bien" me siento alegre, me siento tranquilo, me siento cómodo?¿Qué quiere decir bien para ti? Muchas veces nos plantamos con una sonrisa en la cara, pero en realidad es una sonrisa fingida, es una máscara con la que nos disfrazamos para quedar bien, o simplemente para evitar las demás emociones  de  forma consciente o inconsciente.

 

Cuando nuestra alegría es una máscara social

 

El sonreír y estar bien se ha vuelto una señal de estatus social, una moneda de cambio con la cual nos forjamos una imagen de bienestar y comparación con los demás. En una sonrisa fingida solamente utilizamos los músculos de los labios y la boca, mientras que una sonrisa auténtica utilizamos los músculos cercanos a los ojos, la frente, la boca y los labios. Por tanto, con un poco de entrenamiento se puede distinguir a simple vista cuando la alegría es real o fingida.

 

La alegría es "la emoción llamada positiva" por excelencia, parece que todo el mundo debería estar contento, es la emoción mejor tratada y de mayor aceptación social, ya que es la que tenemos más ganas de vivir y de compartir con los demás. En el caso del miedo, la tristeza o la rabia, a nivel social parece que el mensaje es de censura, de no sentir estás emociones, incluso se habla de emociones "negativas".

 

En el caso de la alegría, es al contrario, la sociedad busca fomentarla: ¡sonríe un poco! ¡estate contento! ¡cambia esa cara! haciendo más fácil la aparición de la falsa alegría. Esto hace que muchas veces utilicemos la alegría cuando NO LA SENTIMOS tapando otra emoción, por ejemplo la tristeza o la rabia, incluso el miedo.

 

Cuando nuestra alegría es real y auténtica

 

Como dice Jorge Bucay, la alegría genuina se caracteriza por tres rasgos: proviene del interior, ilumina, y es sencilla. ¿Cómo se manifiesta en el cuerpo? A través de una sonrisa, apertura corporal, risas, los ojos están más abiertos, la persona tiene más energía, etc.

 

Los músculos cercanos a los ojos llamados músculos orbiculares se involucran en el proceso de alegría real, cuando dibujamos una sonrisa espontánea y natural, y el brillo aparece en nuestros ojos. En una sonrisa real podremos observar que las mejillas suben de su lugar y las cejas descienden un poco

 

La alegría es una emoción expansiva que nos lleva al contacto, al acercamiento con los demás. La alegría tiene tres manifestaciones: El erotismo que se experimenta en la zona del bajo vientre, la ternura que la sentimos en la zona del corazón y la curiosidad que se siente en el global del cuerpo.

 

En el nivel más bajo de la escala de la alegría, ponemos la comodidad y la tranquilidad. En el nivel más alto de  ponemos la euforia. La alegría real es el resultado de estar en contacto con nosotros mismos. Y desde ese lugar podemos regularnos. y conectarnos con nuestro cuerpo.

 

¿Qué hago para no caer en la falsa alegría?

 

Primero de todo, reconocer la alegría en mi cuerpo cuando viene, por ejemplo, siento la alegría en mi barriga como un cosquilleo. En segundo lugar, dejármela sentir; acepto lo que estoy sintiendo en este momento sin pretender cambiarlo o modificarlo, me dejo sentir la alegría sin negarla ni forzarla, no lucho para que se quede o se vaya, le doy espacio sin juzgarla.

 

En tercer lugar, gestionar y expresar la emoción  una vez reconocida y aceptada la alegría, puedo saber que necesito, decido conscientemente que hago con ella, cómo la expreso o la vivo conmigo mismo y con el otro. Por ejemplo, siento alegría porque tengo un nuevo trabajo, la reconozco en mi garganta, le doy un espacio y me la permito sentir, aunque aún no me lo crea del todo, y cuando he hecho esto ahora puedo decidir cómo gestionarla y expresarla. Me río sola, y se me dibuja una gran sonrisa en los labios. Ahora decido, ¿Quiero compartir mi alegría con los demás?

 

Por último si he seguido este proceso, puedo dejar que pase, no aferrarme a ella, y dar un espacio y un lugar a otras emociones cómo el miedo, la tristeza, o la rabia. De esta forma no me quedo "enganchado" en la alegría, ya que de esta forma se convierte en máscara y en alegría fingida, cuando nos aferramos y enganchamos a ella.

 

La alegría es una emoción cómo todas las demás, de corta duración, es el fruto de conectar con nuestro interior. ¿Te atreves, a experimentar la alegría de verdad, con el riesgo a que sea transitoria?

 

http://psicoemocionat.com/1/post/2013/03/la-alegra-real-o-fingida.html




 

 

 

El miedo me acompaña

 

 

Desde pequeños se nos enseña a no hacerle caso al miedo, se nos dice "no tengas miedo", "se valiente" especialmente a los niños más que a las niñasLos niños por cómo se les educa tienen muy difícil sentir y mostrar el miedo delante de los demás. A las niñas normalmente, se les sobreprotege, y de esta forma tampoco se les deja entrar en el miedo. Todos los mamíferos tenemos miedo, porque el miedo está en nuestro cerebro, concretamente en la amígdala y es ahí donde se procesan las emociones básicas. Necesitamos el miedo para sobrevivir y gracias al miedo hemos salido adelante como especie. 

 
Podemos identificar dos tipos de miedo: el miedo real y el miedo imaginario. El miedo real sería cuando percibimos un peligro físico de muerte, y el miedo imaginario sería cuando no existe una amenaza de muerte real, y aún así se producen diferentes reacciones en el cuerpo.

Algunos de los miedos más comunes son: Miedo a morir, miedo a no ser aceptado, miedo al dolor, miedo a sentirnos vulnerables y débiles, miedo a hablar en público, miedo a fracasar, miedo a las alturas, miedo a los insectos, miedo a la soledad, miedo a no ser querido, y podríamos seguir con una lista infinita de miedos.

¿Cómo se manifiesta en mi cuerpo y cómo lo puedo distinguir?

Temblores, sudor, tensión muscular, malestar en el estómago, paralización, bloqueo, el corazón se acelera, etc. Todas estas respuestas automáticas que genera nuestro cuerpo nos facilitan reaccionar o anticipar un peligro o amenaza. Por lo tanto nos pone en una actitud de tensión y alerta.

Podemos hablar de 4 reacciones ante una situación de miedo:

1. Reacción de huida:  La huida rápida es una condición básica de supervivencia, automáticamente nuestro cuerpo detecta un peligro real o imaginario y utiliza todos los recursos que tiene para huir. Por ejemplo, si he hecho algo mal en el trabajo, en vez de afrontarlo, me voy a casa sin decir que he sido yo quien ha cometido el error.
2. Reacción de paralización:  A nivel evolutivo, esta respuesta se daba para sobrevivir, a veces la mejor estrategia era quedarse quieto, antes que huir ante un animal más grande que nosotros. Por ejemplo, tengo que dar una conferencia enfrente de 100 personas, y cuando llega el momento, al estar tan nervioso y con miedo de ver a tanta gente, en vez de hablar, me paralizo y no me salen las palabras.

3.Reacción de defensa: Ante algo que percibimos como una amenaza a nuestra integridad física nos defendemos. Esta reacción de defensa en el resto de los mamíferos es agresiva, y en los humanos también puede serla, pero no tiene porqué. Podemos reaccionar, a nuestros miedos enfrentándonos y planteándoles cara sin llegar a ser agresivos. Por ejemplo, llevo preparando un trabajo muy importante con varios compañeros, y en el momento de entregarlo, no se menciona mi nombre, entonces voy a explicar que yo también he colaborado.

4.Reacción de sumisión: Ante una situación de miedo, el animal se rendía, dejándose devorar por su depredador. En el caso de los humanos, nos dejaríamos vencer por el miedo, y éste se apoderaría de nuestra vida y le daríamos todo el control.  Por ejemplo, estoy en búsqueda de empleo y me llaman para una entrevista, que me va muy bien. Al cabo de una semana todavía no me han dado respuesta, y me resigno, y no busco nada más, y tampoco llamo a la empresa para ver qué ha pasado.

5. Sobreprotección: Ante una situación de miedo, me protejo exageradamente. Si sé por ejemplo, que me han puesto una multa por exceso de velocidad, y tengo miedo a que me pongan otra,  una reacción de sobreprotección sería en vez de ir a 150, ir a 70 por la autopista. Aquí nos vamos al polo opuesto de la situación.

¿El miedo es una emoción negativa? ¿Es necesario tener miedo?

Antes hablaba de que normalmente se tacha al miedo como una emoción negativa, porque no es una emoción agradable, y porque puede llegar a ser tóxico paralizando nuestra vida y impidiéndonos vivir nuestro día a día con tranquilidad.  Pero a mí no me gusta clasificar al miedo como una emoción negativa, porque si fuese así, estaríamos obviando que el miedo existe por una razón, para ayudarnos a ser prudentes. Si soy prudente, se que no voy a cruzar la calle cuando los coches estén pasando, no voy a gastarme todos mis ahorros a principios de mes, o no voy a tirarme al mar si no sé nadar.

Hay algunas personas que dicen no tener miedo a nada, o a casi nada, sí es así, es que tienen miedo a sentir el miedo, y probablemente muchas de sus emociones.

 Es necesario tener miedo, para poder vivir y seguir adelante con nuestra vida. El miedo nos ha de acompañar, ha de ser nuestro aliado, no nuestro enemigo. 


¿Qué podemos hacer con nuestro miedo?

Para poder gestionar el miedo, hay que comenzar por aceptarlo tal cual es. Reconocer que el miedo es nuestro eterno compañero de vida, que el miedo es el que nos da la oportunidad de superar nuestras limitaciones, tanto las conocidas como  de las que no somos conscientes y volvernos cada vez más fuertes y más capaces. Esto no quiere decir reaccionar en forma de sumisión, ni resignarse, sólo quiere decir, que podemos actuar y afrontar nuestro miedo, mirarlo a la cara, o ser víctima de nuestro miedo, y dejarnos vencer por él.

Al reconocer la sensación del miedo, ya sean escalofríos, sudores, o tensión entonces podemos ser capaces de expresarlo, permitírnoslo sentir, sin reprimirlo.

No se trata por tanto de eliminar el miedo, sino de que nos acompañe durante el proceso de conocernos más a nosotros mismos. Una vez que  reconocemos y la aceptamos nuestras emociones, entonces y sólo entonces, ellas se alejarán de manera natural.

Si reprimimos o negamos el miedo entonces seguirá presente, tiñendo nuestra vida y nuestro cuerpo de miedo. Esta emoción estará esperando a que les demos una oportunidad de expresarse, y de obtener un espacio en nosotros.

Muchas veces, para sostener nuestros miedos es necesario pedir ayuda, porque a veces son demasiado intensos y no podemos gestionarlos. En estas ocasiones, te recomiendo que vayas a terapia y te permitas desde un lugar seguro, experimentar tus miedos.

"El miedo nos da la oportunidad de superar nuestras limitaciones, tanto las conocidas como de las que no somos conscientes y volvernos cada vez más fuertes y más capaces de vivir nuestra vida con más confianza".

http://psicoemocionat.com/1/post/2013/03/el-miedo-me-acompaa.html






¿Qué son las emociones y para qué sirven?

Las emociones son parte de nuestro desarrollo como especie y nos han permitido sobrevivir y llegar hasta el presente. Se expresan a través del cuerpo,  de los gestos, de la expresión de la cara, así como de nuestros pensamientos.

La palabra emoción proviene del latín "emovere", literalmente "mover afuera", “ tender hacia la acción”. Es lo que hace que nos acerquemos o nos alejemos a una determinada persona o circunstancia. Por lo tanto, la emoción es una tendencia a actuar, y se activa con frecuencia por alguna de nuestras impresiones grabadas en el cerebro, o por medio de los pensamientos, lo que provoca un determinado estado fisiológico en el cuerpo humano.

Durante muchos años se creía que  las emociones eran diferentes para cada persona. Pero en los últimos tiempos se ha observado que son universales, es decir, que se dan en todas las culturas.  Lo que sí que es cierto es que lo que despierta la emoción puede ser diferente.  Por ejemplo, a mí me puede dar miedo hablar en público y a tí te pueden dar miedo las arañas.  Sigue leyendo....

Darwin con su libro “La expresión de las emociones en los animales y el hombre” ya hacía hincapié en el papel adaptativo que cumplen las emociones. Muestra que muchas de las emociones no requieren de un aprendizaje previo sino que son innatas.

El psicólogo Paul Ekman también revolucionó el mundo emocional y de la expresión facial. Es pionero en el estudio de las emociones y sus relaciones con la expresión facial. Encontró que las expresiones faciales de las emociones no son determinadas culturalmente, sino que son más bien universales y tienen, por consiguiente, un origen biológico, tal como planteaba la hipótesis de Charles Darwin. Entre las expresiones que él clasificó como universales se encuentran aquellas que expresan la ira, la repugnancia, el miedo, la alegría, la tristeza y la sorpresa

Todas las emociones son necesarias, si reprimimos nuestras emociones o las escondemos esto puede hacer que somaticemos en nuestro cuerpo diferentes dolencias. 
¿Pero es necesario sentir, o mejor no sentir? Toda emoción que resistas más persiste, todo aquello que rechazamos más aparece en nosotros, 

No hay emociones buenas ni malas ya que todas cumplen un papel adaptativo y necesario en nuestras vidas y en nuestra evolución como especie. 

Hay emociones básicas o primarias, entendiendo que todas las demás derivan de éstas:

1. Miedo: Nos ayuda a anticipar un peligro, a prevenirnos de algo.
2. Alegría: Nos ayuda a compartir, es una emoción de gozo y de expansión, siempre que sea real, si es fingida nos puede tapar otras emociones. 
3. Tristeza: Nos ayuda a aceptar una pérdida es una emoción de recogimiento, de introspección.

4. Rabia: Nos ayuda a poner límites, a nosotros y a los demás. Hay diferentes grados de enfado, el más alto es la agresividad.

AWAKE: La vida de Yogananda



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